A la industria del acero le están dando ‘varilla’

Redacción Mundo Minero diciembre 23, 2013 Comentarios desactivados en A la industria del acero le están dando ‘varilla’

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Aunque el Gobierno expidió medidas de salvaguardia para proteger la industria nacional, para el presidente de Corpacero, Carlos Hugo Escobar, el problema sigue latente y el sector requiere de medidas antidumping que consulten la realidad del mercado internacional.

Dos empresas, Corpacero –fundada en 1950 en pleno impulso a la industria nacional-, y Acesco, que data de 1970, en la época de sustitución de importaciones, siguen a la espera de que el Gobierno les tienda la mano. “De lo contrario nos podemos fundir”, afirma Carlos Hugo Escobar, quien está al frente de la primera de ellas y, que según dice, ha hecho millonarias inversiones en modernización y reubicación de plantas.

El problema es que el mercado nacional se encuentra inundado de importaciones de acero de China, India y México de donde llega el producto a precios inferiores a los que se venden en sus propios mercados. Es decir, aplicando lo que en comercio desleal se conoce como dumping.

Escobar advierte que las medidas adoptadas por el Gobierno favorecen a unos pocos y que la industria de aceros planos, que genera unos 3.000 empleos directos y unos 15.000 indirectos, continúan afrontando una avalancha de importaciones que ponen en peligro la continuidad de este tipo de compañías.

En diálogo con MUNDO MINERO, el empresario advierte que la adopción de medidas antidumping  son urgentes.

El Gobierno expidió hace unos meses medidas de salvaguardia para proteger la industria nacional. ¿Eso soluciona la problemática general de la industria nacional?

No. Esta es una problemática compleja y hay que empezar por precisar que el mercado del acero se divide en dos grandes ramas: los aceros largos, que producen varias empresas, entre ellas Paz del Río, y los planos, que los procesan solo dos compañías: Corpacero y Acesco.

Los aceros largos se producen a partir de mineral de hierro o chatarra y los planos no se producen en el país y su procesamiento se hace a partir de la importación de bovinas de aceros laminadas en caliente y su valor agregado industrial consiste en laminarlo de nuevo en frío para obtener calibres más delegados, los cuales se galvanizan y de ahí se obtienen varios productos como las tejas de zinc. Lo que sucede es que hay una alarmante competencia desleal porque las importaciones llegan a precios subsidiados. Estos productos quedaron por fuera de la medida.

¿Y entonces en qué queda este sector?

Es una situación dramática. La industria del acero está enfrentada a condiciones  predatorias de precios en las mercancías provenientes de países con los que Colombia no tiene firmados TLC como China e India, que efectúan exportaciones a precios irreales en relación con el mercado internacional. Estas importaciones se realizan a precios que no obedecen a las fuerzas del mercado y que rompen la igualdad en las condiciones de competencia, sacrificando la producción nacional con los riesgos de pérdidas de empleos que ello significa. Así, por ejemplo, las importaciones originarias de la China de lámina galvanizada deprimen los precios de la industria a un nivel tal que durante el 2012 el precio no le permitió a Corpacero cubrir siquiera costos de producción. Así: ¿qué industria legal puede competir?

¿Cuál ha sido el impacto de esta competencia desleal?

Las cifras lo dicen todo: mientras en el primer semestre de 2010 las importaciones de lámina lisa fueron 16.701 toneladas, en el mismo periodo de 2013 las compras en el exterior ascendieron a 34.676 toneladas; es decir, un incremento de 108 por ciento. En el caso de la teja, en el 2009 se importaron 2.911 toneladas mientras que en el 2012 el volumen se elevó a 11.879 toneladas, lo que significa un incremento del 308 por ciento. Esta situación se agrava con una caída en los precios del 11 por ciento por la entrada de acero subsidiado de la India.

Hablemos del mercado interno. ¿Las empresas nacionales han perdido participación?

Por supuesto, a participación de la industria nacional pasó del 89 por ciento en 2009 al 65 por ciento en 2012 en términos de toneladas vendidas. Hay una impresionante caída en los ingresos y una pérdida en el margen bruto del negocio del 50 por ciento de su valor.

¿Qué medidas espera la industria por parte del Gobierno?

Básicamente, son dos que buscan nivelar el campo de juego: una cláusula de salvaguardia y otra antidumping, que nos cobije también a quienes producimos aceros planos. La cláusula de salvaguardia para la importación de teja galvanizada está para consulta en la triple A, a la espera de su recomendación. Consiste en un incremento del arancel que se aplicará a los países que no tienen firmado TLC con Colombia como India y China. El problema es que las importaciones se dispararon: se pasó de 2.911 toneladas en 2009 a 11.879 en el 2012,  lo que significó un crecimiento anual del 60 por ciento promedio. Solo del 2011 al 2012 la importación creció el 53 por ciento e interanual del 60 por ciento. Los precios disminuyeron 11 por ciento en un solo año. Sumados estos factores la producción nacional ha sufrido este doble impacto y la consecuencia es que el margen bruto de Corpacero cayó 54 por ciento, del 27,9 al 12,7 por ciento los ingresos crecieron 1,6 por ciento y los costos 20,4 por ciento,  con lo cual se redujo el volumen y el margen.

¿Y por qué a la vez la medida antidumping?

La segunda medida que se solicitó es la de antidumping que se pidió específicamente contra las importaciones de la China en lámina galvanizada, en este sentido el Gobierno impuso  derechos provisionales. Sin embargo, se fijó un  precio base para liquidar el derecho de 824 dólares tomando el vigente al 2013, sin te ner en cuenta que este precio estaba notablemente afectado porque a esa fecha la industria rebajó sus precios para competir con las importaciones a precios de dumping y, por lo tanto, es totalmente insuficiente para contrarrestar el perjuicio. El margen real antidumping debería ser de 59,66 por ciento, pero el concedido solo fue del 7 por ciento. Por supuesto, está muy lejos de ser una medida que proteja la industria nacional.

¿Y cuál debería ser el precio mínimo para aplicar los precios antidumping?

El precio base debería estar entre 1.000 y 1.050 dólares la tonelada, y no 824 dólares como sucede actualmente.

¿Pero no será que la industria nacional es ineficiente y acude a medidas proteccionistas?

Algunos detractores y comerciantes del sector acuden a este tipo de afirmaciones. Pero si usted analiza los precios de exportación de los países con economía de mercado, estos superan los 1.100 dólares por tonelada. La razón es que países como China venden a 768 dólares, porque sus precios no son el resultado de las fuerzas del mercado sino porque son siderúrgicas propiedad del Estado Chino y como tal no solo tienen subsidios y la evaluación de sus resultados obedece a variables políticas y no siguen los mismos parámetros de las empresas privadas. Claramente, es una lucha desigual entre empresas como Corpacero o Acesco, enfrentadas a las empresas altamente subvencionadas por el Estado Chino.

¿Ustedes se han modernizado, hay hecho inversiones para ser más competitivos?

Le doy un dato: desde 2010 Corpacero hizo inversiones por 254.000 millones de pesos en la construcción de una planta nueva en Barranquilla para optimizar la productividad, reducir costos y alcanzar estándares internacionales de competitividad. Teníamos previsto alcanzar una tasa interna de retorno del 15 por ciento pero con esta avalancha de importaciones se nos cayó al 2 por ciento negativa. Entonces el problema es otro, es la competencia desleal.

¿Da la impresión de que el Gobierno no le interesa la industria nacional del acero?

El Gobierno ha sido receptivo al análisis de la problemática, diligente en el trámite de la medidas antidumping, pero hay que mencionar que realmente esperamos que en la decisión definitiva se fije un derecho antidumping en un monto suficiente para restablecer las condiciones de competencia. Pero además, la velocidad en las decisiones no corresponde a la gravedad de la situación como sucede con el tema de la teja de zinc.

El acero está definido por el Gobierno como un sector estratégico y está incluido en el Programa de Transformación Productiva. Entonces, cómo no se ayuda a su supervivencia. Fíjese que Estados Unidos y Brasil, sí lo hacen y de qué manera.

Momento crítico

¿Realmente es grave la situación o se está exagerando?

Ahí están las cifras. Supervivimos por el esfuerzo de los accionistas que han venido capitalizando la empresa, porque su resultado operacional es deficitario. Pero esto no puede ser ilimitado. El Gobierno debe vigilar que la competitividad de las empresas no puede basarse en que los costos de sus insumos estén determinados por prácticas desleales de comercio como dumping y contrabando técnico que no solo distorsiona el mercado sino que puede afectar de una forma importante los ingresos fiscales. Estamos en un momento crítico de desindustrialización y el Gobierno no puede echar por la borda la construcción de una tradición industrial del país de más de 70 años.

Si no hay solución y se tuviera que cerrar la empresa, ¿cuál sería el impacto en materia de empleos?
Sencillo: se perderían 3.000 empleos directos y unos 15.000 indirectos, más cuantiosas inversiones realizadas recientemente. Pero aspiramos no llegar a ese extremo.

Miremos otra faceta. ¿La reducción de precios, acaso no favorece la construcción de vivienda, entre ella la de carácter social?
El peso del acero plano en el costo de la vivienda popular no llega el 0,5 por ciento del costo total. Estas son aseveraciones falsas, que se lanzan para engañar a las autoridades y, en general, a la opinión pública. Pero no nos pueden seguir dando “varilla”.

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