El ejemplo de Perú

Redacción Mundo Minero enero 1, 2014 Comentarios desactivados en El ejemplo de Perú

 Una encuesta (DQT) publicada en Perú señala que cinco de las diez empresas top donde los peruanos quisieran trabajar pertenecen al sector minero. Las razones: buenos sueldos, la importancia de la minería para el futuro del país, el desarrollo de las comunidades locales, además de ser un sector que invierte en tecnología de punta para operar con eficiencia y elevados estándares ambientales como una forma de compromiso social.

¡Qué contraste con lo que pasa en Colombia! La segunda edición de Brújula Minera que se publica en esta edición, contiene un dato que preocupa: solo el 2 por ciento de los encuestados en las ciudades afirma tener a la minería como una opción para trabajar y un 8 por ciento en los mismos municipios mineros. La percepción de la gente es que de lejos es el sector que más daño hace al medioambiente.

Y es que paradójicamente la minería sí es una locomotora de la economía peruana, que cada día gana más espacio: se estima que en corto tiempo se realizarán inversiones por USD 55.000 millones, lo que permitirá duplicar las exportaciones peruanas, pasándolas de USD 51.000 a 101.000 millones e incrementar el PIB en un 36 por ciento, unos USD 75.000 millones.

Y el Gobierno lo tiene claro: estas inversiones en minería también representarían 2,4 millones de empleos directos e indirectos adicionales; es decir, un aumento de casi 16 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA) ocupada en el país y el Estado recaudaría USD 12.300 millones adicionales en impuestos por año, lo que conlleva un incremento de 30 por ciento con respecto al 2012.

¿Para qué? Los mayores recursos irán a infraestructura para la construcción de más de 4.000 kilómetros de carreteras por año, al programa nacional de alimentación escolar, levantar 65 hospitales, incrementar el presupuesto de educación básica y dar mayor seguridad.

En Perú, como en Colombia, hay conflictos sociales por la minería, pero allá es cada día más importante las señales de trabajo conjunto entre empresarios, Estado y comunidades para que los proyectos mineros se concreten, siempre preservando el medioambiente. Aquí, casi no se logra la asistencia del Gobierno a un debate en el Congreso de la República para discutir sobre uno de los proyectos mineros más grandes y se evidencia un desgano por el tema.  

El gobierno de Ollanta ha montado la Oficina Nacional de Diálogo y Sostenibilidad, (ONDS) dedicada casi exclusivamente a atender los problemas con las comunidades donde están asentados los proyectos, acompañar a las empresas en el proceso de ganar confianza y ganarse la licencia social que les permita operar. Con la oficina en cuestión ya no se espera a que estallen los conflictos, sino que hay un trabajo de acompañamiento para prevenirlos. Así, las comunidades empiezan a creer en el Estado como garante en su relación con las empresas mineras.

¿Será que aquí no podemos copiar el modelo peruano para que la locomotora no se quede en solo discurso?

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