La llamada pequeña minería

admin marzo 3, 2012 Comentarios desactivados en La llamada pequeña minería

 

 

 

 

 

 

 

Eduardo Chaparro

Director Cámara Asomineros

 

La llamada pequeña minería, término empleado en todo el mundo por ambientalistas, abogados, científicos sociales, consultores, geólogos, gobernantes, ingenieros mineros, obreros, periodistas, políticos y politólogos y sindicalistas,  alude a una forma de producción minera, que enmarca  diversos tipos, tamaños, localización y condición jurídica.

De esa descripción genérica, emanan expresiones tales como: artesanal, informal, a pequeña escala, tradicional, antecedidas de la palabra minería, y en no pocas ocasiones y en tiempos recientes, más que nunca, la  homologan con la ilegalidad. Como no hay agricultores ilegales, no hay mineros ilegales. Usar la voz minería ilegal lo único que hace es dificultar la comprensión de este fenómeno y, por ende, su tratamiento, al querer denotar lo que en la legislación colombiana, con toda claridad, se denota como “extracción ilícita de minerales”.

Así, el país ha llegado a creer que pequeña minería  es  sinónimo de extracción ilícita o de lo que sin cuidado se llama minería ilegal y su cortejo de hechos desastrosos y punibles. Eso es injusto y alejado de la realidad. No toda mina grande está bien hecha, no toda mina chica es mala. Existe un importante número de operaciones mineras formalizadas de pequeño tamaño; existen otras que buscan su formalización, y hay operaciones ilícitas de extracción minera, caracterizadas por el uso intensivo de maquinaria de alto valor y de gran capacidad, que destruyen el ambiente, generan precariedad del empleo, al violar  la normatividad laboral; que evaden  la tributación y, en no pocas oportunidades, son la cabeza visible de dineros dudosos.

Colombia no debe favorecer un tamaño específico de minería, sino que debe  impulsar minería de buena calidad; esto implica una minería que sea responsable y sostenible en los aspectos técnicos, económicos, sociales y ambientales, es decir, lo que de tiempo atrás se denomina una minería TESA. La inversión para una operación aurífera puede llegar a ser bien distinta para una de minerales industriales en cuanto a velocidad, ritmo, volúmenes y tamaños y, sin embargo, una y otra pueden y deben ser impecables.

¿Qué hacer? Los tomadores de decisiones no pueden seguir creyendo que la formalización se alcanza con la entrega de un título minero. Esto es tan solo un instrumento para que quien lo reciba alcance niveles de desarrollo empresarial que le permitan pagar los costos y obtener ganancias; no se puede olvidar que la minería se hace para ganar dinero y esto es lícito, y un minero en vías de formalización debe ganar dinero para sostenerse en el negocio, asumir sus obligaciones, tener márgenes para la obligatoria reinversión en su mina y lograr mejor nivel de vida.

 

No se debe favorecer un tamaño específico de minería, sino que se debe impulsar minería de buena calidad. Esto implica una minería que sea responsable y sostenible en los aspectos técnicos, económicos, sociales y ambientales.

 

Desde 1969 a la fecha, el país ha desarrollado al menos siete procesos de “legalización de minas”. Las últimas iniciativas  legislativas creyeron que todo el que quiera debe tener una  mina y un derecho, así sus pretensiones estén en áreas de otros, por lo cual introdujeron peculiares definiciones de lo que es un minero tradicional.

Se necesita, ante todo, decir con claridad que hay casos en donde no es posible otorgar títulos y, por tanto, buscar dentro de la misma industria, generar espacios para desarrollar programas que aprovechen el conocimiento de quienes no pueden acceder a este beneficio, pero se vinculen a los encadenamientos productivos del sector. Hay que considerar condiciones tributarias y crediticias especiales; hay que asumir que se requieren programas que trasciendan los gobiernos, que duren mínimo al menos doce años, y recursos continuos; erradicar la ilicitud y, por sobre todo, para tener empresarios, pero para llegar a esto necesitamos ciudadanos, antes que nada, conocedores de sus derechos y de sus obligaciones.

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