LA REGIÓN REGALÍAS:EL ASUNTO NO ES MÁS PLATA

admin octubre 17, 2012 Comentarios desactivados en LA REGIÓN REGALÍAS:EL ASUNTO NO ES MÁS PLATA

 

Con una expectativa de recaudar cerca de $100 billones por concepto de regalías de aquí al 2020, el gran reto es garantizar una inversión efectiva y transparente para financiar los programas sociales de los planes de desarrollo nacional y territorial.

 

Con expertos calificados, el sector privado y varias entidades de cooperación internacional unieron esfuerzos a finales de julio en busca de alternativas para que la inversión que hacen los municipios y departamentos de los recursos provenientes de las regalías tenga un verdadero impacto en las comunidades, aporte al desarrollo local y ayude a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

La conclusión básica es que no se requiere más dinero en cantidad, sino una mayor eficiencia en su inversión. Este fue el llamado a los responsables de realizar y garantizar un uso transparente y eficaz de los $9,1 billones que se espera genere la actividad minero-energética en el 2012, manifestado en el Foro Internacional sobre Buenas Prácticas en los Procesos de Fortalecimiento Institucional de las Entidades Receptoras de Regalías”, organizado por la Fundación Cerrejón para el Fortalecimiento Institucional y la Fundación Ford.

Entre las agencias de cooperación internacional participantes estuvieron: la Corporación Financiera Internacional del Banco Mundial, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el Programa de Administración de Regalías de USAID, el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA), el Banco de Desarrollo de Sudáfrica y la Agenda Pública de Brasil.

En palabras de Myriam Méndez, directora para la Región Andina y el Cono Sur de la Fundación Ford y coorganizadora del Foro, “la minería ambientalmente sostenible tiene vocación social”, y ello explica la voluntad de organizaciones como la que ella representa para, junto con las autoridades públicas y el sector privado, ayudar al fortalecimiento de la institucionalidad encargada de la inversión de las regalías y así contribuir a la disminución de la pobreza en el mundo.

En medio de un entorno hasta ahora optimista frente al crecimiento de la actividad minera, que ha sido el motor de la economía colombiana en un momento de crisis mundial, con una expectativa del Gobierno de recaudar cerca de $100 billones por concepto de regalías de aquí al 2020 y estrenando mecanismos de distribución y destinación con la reciente reforma del Sistema General de Regalías, el gran reto es garantizar una inversión efectiva y transparente de semejante cantidad de recursos con los que se cuenta para financiar los programas sociales de los planes de desarrollo nacional y territorial.

 

Clave uno: el fortalecimiento institucional de las autoridades responsables en la gestión de las regalías que las empresas mineras cumplen con pagar al país.

Dicho fortalecimiento involucra tanto a las autoridades de fiscalización de los recursos públicos, para asegurar su exacta declaración, liquidación y pago a la Nación, como la inversión de tales rentas, porque la fiscalización de las regalías no ha estado a la altura en nuestro país. La novedad: ninguna fiscalización dará resultados sin el involucramiento directo de la comunidad; hoy más que nunca se hace necesario el control social que implica la cultura de la rendición de cuentas de los gobernantes.

Las agencias de cooperación internacional han entendido su misión de transferir conocimiento, difundir experiencias, así como su posición privilegiada para acompañar (sin sustituir ni montar estructuras paralelas) el andamiaje local –muchas veces precario y vulnerable– a fin de garantizar que los recursos que genera la actividad minera lleguen a donde deben llegar: a la comunidad a través de la satisfacción de sus necesidades básicas y el mejoramiento de su calidad de vida.

Para que este apoyo internacional funcione, se requiere primero que todo contar con la voluntad de las autoridades locales, la conexión entre los planes de desarrollo territorial, los planes y los procesos de contratación y el control social de las comunidades involucradas. Esta es la receta para ayudar a las instituciones territoriales (departamentos y municipios) a invertir con impacto social estos recursos mineros; todo lo anterior, acompañado de seguimiento y evaluación oportunos de dichos procesos.

 

Segunda clave: la única alternativa para lograr ser un país minero de talla mundial, responsable y competitivo, es la alianza público-privada.

 

Importante es recordar que existe una relación complementaria (y no antagónica) entre el sector público y el privado, porque no puede afianzarse un Estado Social de Derecho sin la participación de un sector privado vigoroso y dinámico, con responsabilidad social; ni tampoco puede consolidarse un sector privado próspero sin un sector público que brinde infraestructura social, económica y seguridad con valores democráticos, que estimule la confianza en el país, que contribuya a la creación de capital social, que procure reglas claras y que se cumplan, para el funcionamiento de las empresas y de la economía en su conjunto.

Entusiasma participar de este ejemplo de alianza entre la cooperación internacional, el Estado colombiano y la industria minera, que demuestra que las alianzas público-privadas son la única alternativa para que la locomotora minera se convierta en un verdadero aliado del desarrollo de los colombianos. El empresariado minero ha demostrado querer contribuir de manera activa y voluntaria con las autoridades públicas para que la expectativa de crecimiento del sector y la reconciliación de este con las comunidades se dé.

Otra prueba de ello la constituye el Documento de Compromisos de Autorregulación de las empresas mineras a gran escala. Es una muestra de que hay unas empresas comprometidas y dispuestas a continuar trabajando por el mejoramiento de sus desempeños en materia social, ambiental, de salubridad, de transparencia económica y de respeto de los derechos humanos, con el fin de superar los mínimos legales y según estándares internacionales.

El documento evidencia que este es un sector que quiere hacer las cosas bien y que está listo para unir esfuerzos para que las alianzas público-privadas sean una realidad; para lograr una mayor eficiencia en la inversión de los recursos que genera; para concentrar esfuerzos y superar las deficiencias que hoy aquejan la actividad minera; para tener un comportamiento económico compatible y respetuoso con la responsabilidad social, la sostenibilidad ambiental y la fraternidad laboral.

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