MINERÍA, RESPONSABILIDAD SOCIAL Y DESARROLLO LOCAL

admin octubre 18, 2012 Comentarios desactivados en MINERÍA, RESPONSABILIDAD SOCIAL Y DESARROLLO LOCAL

Un proyecto minero puede traer consigo una oportunidad de desarrollo para los territorios donde este se emplaza. Es fundamental comunicar sus alcances a sus grupos de interés desde las fases iniciales de planificación de este.

 

Manuel Farias Viguera

Msc Social Policy & Planning. LSE Gerente Fundación Minera Los Pelambres

 

Existe una preocupación mundial sobre el medioambiente y el desarrollo sustentable, de una consolidación cada vez mayor de los sistemas democráticos en el mundo, y del aumento de la participación de una ciudadanía cada vez más organizada. El concepto de responsabilidad social empresarial o corporativa (RSC) cobra fuerza y es vista por el empresariado mundial como una necesidad estratégica en la competencia comercial.

Durante el Foro Económico Mundial realizado en Davos (Suiza) en enero de 1999, las Naciones Unidas, junto con varias grandes compañías mundiales, firmaron el llamado Pacto Global o Global Compact con la finalidad de promover un cambio de actitud y un compromiso por parte del empresariado internacional respecto a temas sociales y ambientales. Dicha iniciativa aboga por incorporar en las estrategias corporativas una nueva forma de desarrollo productivo tendiente a fomentar el crecimiento económico sustentable.

En el 2006, más de tres mil trescientas compañías de diferentes regiones del mundo habían firmado el acuerdo convencidos de que los negocios son más duraderos, más satisfactorios y más rentables cuando se crea valor para todas las partes. Las multinacionales vinculadas a la explotación de recursos muestran un especial interés por adoptar la iniciativa, cumplir un papel más activo en la sociedad y asumir los impactos generados por sus cadenas de valor.

En América Latina, paulatinamente, las empresas de gran minería lo han ido incorporando en sus prácticas de gestión, casi al mismo tiempo que las naciones más avanzadas. La naturaleza de largo plazo de los proyectos mineros y la modificación del entorno en donde realizan sus operaciones, exigen un fuerte compromiso de la minera con la sociedad. Asimismo, no hay que olvidar que la minería está inmersa en comunidades y territorios con historia, donde a veces se encuentran culturas ancestrales y riquezas arqueológicas imprescindibles de preservar, y por ello la responsabilidad social pasa a ser un elemento crucial para preservar y proteger ese patrimonio humano.

 

Relaciones con la comunidad

 

Con la Responsabilidad Social Empresarial (RSE), las empresas incorporaran los requerimientos y necesidades de la ciudadanía, de sus trabajadores y del medioambiente con el objetivo de beneficiar a la sociedad y al contexto específico donde se encuentran insertas.

Para las empresas, es relevante establecer relaciones con las comunidades, considerando que sus operaciones, en mayor o menor medida, tienen algún grado de impacto en los quehaceres cotidianos y estilos de vida de sus habitantes. De esta manera, por medio de una política social, manifiesta en su misión y valores, y ejecutada mediante programas, se busca mitigar este impacto y revertirlo, entregando a las comunidades soluciones y ayuda en sus problemas sociales, medioambientales y económicos.

Bajo la óptica de la RSE, las decisiones que tome una empresa deben estar en concordancia con un comportamiento ético, donde la compañía no solo tenga como fin la generación y maximización de sus recursos, sino también un aporte social al medio donde operan. Además, la RSE implica que las compañías operen dentro de un marco de “desarrollo sustentable o sostenible”, considerando que el crecimiento económico de estas debe estar acompañado de un desarrollo medioambiental y social de las comunidades.

Para el caso de las mineras, el impacto generado en las comunidades donde operan es sustancial, dado que las actividades del sector extractivo tienen consecuencias visibles para la sociedad. Estos impactos también existen en otras actividades como la agricultura y el resto de la industria, pero la comunidad no los percibe.

Las empresas mineras han ideado planes de desarrollo social que repercuten en el área de influencia directa e indirecta de las operaciones de la mina, y que establecen relaciones con la comunidad, en los que se incorporan las preocupaciones y requerimientos educacionales, de salud, de empleo, entre otros.

Muchas de estas acciones y programas sociales, diseñados y ejecutados por las mineras de manera directa o a partir de las fundaciones sin fines de lucro, integran los acuerdos de mitigación que han establecido con las comunidades cuando las operaciones afectan de manera directa el medio ambiente o el modo de vida de sus habitantes. En ese sentido, se ejecutan diversos proyectos sociales y medioambientales que no forman parte del área de Responsabilidad Social Empresarial –entendida como una política voluntaria de las compañías a favor del entorno donde operan–, sino de las Resoluciones de Calificación Ambiental, propuestas y exigencias de organismos estatales, o de las medidas de compensación acordadas entre las partes.

Dentro de las políticas de sustentabilidad, las mineras adhieren a los principios del Consejo de Minería y Metales (ICMM), del Pacto Global y la Iniciativa de Transparencia para la Industria Extractiva (EITI), de las Naciones Unidas, entre otros. Además, obtienen certificaciones de las normas ISO 9.001 e ISO 14.001, y han incorporado la norma volutaria ISO 26.000, propuesta por la Organización Internacional para la Normalización (ISO) para el desarrollo de la RSE.

En Chile, el caso de la Minera Los Pelambres, que creó una Fundación para trabajar con la comunidad en materias de fomento productivo, recursos hídricos y educación, es una muestra de cómo un proyecto minero puede apoyar, por ejemplo, a la pequeña agricultura, y no solo preservarla, sino apoyar para diversificarla hacia cultivos más rentables, lo que ocasiona un aumento en la producción local y explora alternativas de agregación de valor.

El ejemplo anterior tiene interesantes indicadores que presentar en diferentes ámbitos: desarrollo de proveedores, eficiencia de los recursos hídricos, mejoramiento de los índices de empleabilidad, reducción de la pobreza y de la desigualdad, mejoramiento de las tasas de contratación, mejoramiento de los índices de educación y capacitación. Sin embargo, para lograr esto, es menester contar con un Estado que acompañe, que esté presente no solo desde el punto de vista regulatorio, sino que haga su tarea, y que con el sector privado contribuyan al desarrollo de las comunidades aportando valor social, económico y ambiental: los pilares de la sustentabilidad.

Lo anterior supone una comunidad debidamente informada y con capacidad de interlocución para que de esta manera el sector privado, el Estado y la propia comunidad construyan relaciones basadas en la confianza y el beneficio mutuo.

Aportar valor sustentable es hacer más competitivo un territorio. Esto exige el diálogo y la confianza entre la comunidad y la empresa minera para llegar a consensos, a construcciones colectivas en las cuales prima el convencimiento de que todos los actores son importantes y claves para ese desarrollo sustentable.

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