PAZ Y MINERÍA

admin octubre 16, 2012 Comentarios desactivados en PAZ Y MINERÍA


SILVERIO GÓMEZ CARMONA

Director | Editor

 

Nadie puede esperar que los defensores a ultranza del medioambiente se fundan en un abrazo con los mineros, ni en Colombia ni en parte alguna del mundo. Es una discusión que siempre se va a dar y la verdad es que esa veeduría es una garantía de una búsqueda permanente de equilibrio para que las cosas salgan lo mejor posible.

Pero lo que no se entiende es la incapacidad del Estado –y no de ahora– para lograr una adecuada planeación integral en el sector de la minería en el país, pues resulta evidente que el asunto se está saliendo de cauce y adquiriendo unas dimensiones peligrosas. Más del 60% de las explotaciones en 23 departamentos del país no tienen títulos, del 65% no llega contabilidad y las dos terceras partes no pagan regalías.

Algo está saliendo mal, pese a los esfuerzos hechos, en particular, en lo que va de este gobierno, al menos en el montaje de mecanismos institucionales: se creó el Viceministerio de Minas, nació la Agencia Nacional Minera, se le dio foco a Ingeominas, nació la Agencia de Licencias Ambientales, se creó un plan de choque para enfrentar la proliferación de títulos, se le dio gran importancia al mecanismo de consultas previas en la reforma del Ministerio del Interior, se reformó el Sistema General de Regalías para hacerlo más equitativo y se está buscando darle modernidad al registro minero.

Hay que reconocer, sin que ello implique una claudicación, que la magnitud del negocio ilícito ha adquirido unas dimensiones que sobrepasan la capacidad institucional del Estado para enfrentar el problema, y aunque la capacidad represiva del establecimiento no está en duda, el tamaño y la fortaleza financiera de quienes están al margen de la ley hacen muy difícil que solo por esa vía se logre una salida que acabe con el problema. No hay que llamarse a engaños: la minería ilegal es igual o más rentable que el narcotráfico en su mejor momento.

Aquí es donde el ejercicio de concertación o, para usar una expresión de ahora, una alianza público-privada adquiere una gran importancia. No es por la vía de la recriminación mutua o de que cada parte crea que tiene la verdad que se logra salir adelante, pues esa actitud solo sirve a los intereses de los ilegales.

Los mineros legales deben entender que el bienestar nacional está por encima de sus legítimas apetencias particulares, y el Gobierno saber que la minería es necesaria para el desarrollo del país. Es un equilibrio que hay que alcanzar, casi tan trascendental para ayudar a otro gran propósito nacional como es la paz entre los colombianos.

 

Peace and Mining

 

No one can wait for the environmentalists to patch up definitely with miners in Colombia or any country worldwide. This is a discussion that will always exist and the truth is that this oversight is a guarantee in an ongoing search for equity and for things to go the best possible.

Nevertheless, what is not understood is the State’s incapability –which is not from nowadays- to manage an adequate comprehensive planning of the country’s mining sector, because it is now evident that the matter is getting out of its cause and getting dangerous dimensions. More than 60% of the exports in 23 of our country departments do not have titles, 65% do not maintain accounting data and two thirds of them do not pay royalties.

Something  is going wrong despite the efforts made so far on this government particularly, at least regarding the implementation of institutional mechanisms: The Viceministry of Mining was created, the National Mining Agency (ANM) was born, Ingeominas got some more focus, the Environmental Licenses Agency (ALA) was born, a shock plan to front the proliferation of titles was created, there was given great importance to the mechanisms of prior consultation with the reform of the Ministry of Interior, the General System of Royalties was reformed to make it more equal, and the Administration is looking forward to making the Mining registry more modern.

There must be admitted, without incurring into a defeat, that the magnitude of the illegal business has got dimensions that exceed the State’s institutional capability to confront the problem, and even though the Administration’s repressive ability has no doubt, the size and financial strength of those who stand in the outlaw make it very hard to get a right exit for the problem. Let’s not fool ourselves: Illegal mining business is just as, or more profitable than drug trafficking in its best time.

So now is when an exercise of concertation, or to use a more actual expression, a public-private alliance gets huge importance. And it does not go as a way of mutual recrimination or as one in which each part believes it is right to go forward, because that attitude just serves to the illegal groups’ interests.

Legal miners must understand that national welfare is beyond legitimate particular desires, and the government must know that mining is necessary for the country’s development. That is a balance that must be reached, and it is just as transcendental to help achieving another great national purpose, as peace between Colombian people.

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