Sector lleno de contradicciones

Redacción Mundo Minero diciembre 24, 2013 Comentarios desactivados en Sector lleno de contradicciones

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Claudia Jiménez Jaramillo
Directora Ejecutiva Asociación del Sector de la Minería a Gran Escala

 

Entre el 2012 y el primer semestre de 2013, el dinamismo del sector minero se perdió: la producción de carbón cayó 13%, oro 5% y níquel 4%, el PIB minero cayó 8%, las regalías 9% y las exportaciones 22%.

En 2010, Colombia vivía una coyuntura que la hacía muy atractiva como destino de inversión: elevados precios internacionales, gran potencial minero aún por descubrir, lo ganado en seguridad, solidez de la economía en plena crisis internacional y la identificación como locomotora del crecimiento fueron, entre otros, factores que hicieron que se mirase con optimismo el potencial de crecimiento del sector minero colombiano.

Y así de positiva fue la realidad del sector: entre 2010 y 2011 la locomotora minero-energética fue uno de los motores de la economía. Solo la minería creció 15 % en producción de carbón, 4 % en oro, 8,5 % en PIB minero, 26 % en exportaciones, 49 % en IED y 30 % en regalías. Entre 2011 y 2012, aunque hubo desaceleración, el PIB minero creció 7 %, las exportaciones 38 %, la IED en minas y canteras 17 % y las regalías 10 %.

Pero entre 2012 y el primer semestre de 2013, el dinamismo del sector minero se perdió… la producción de carbón cayó 13 %, oro 5 % y níquel 4 %, el PIB minero cayó 8 %, las regalías 9 % y las exportaciones 22 %.  En 2013 hubo un redimensionamiento de los planes de inversión (2010 – 2015) de las empresas mineras a gran escala de -42 %, pasando de $13,4 a $7.7 billones.

¿Qué pasó? A la caída de los precios internacionales de los principales minerales (-74 % níquel, -63 % carbón y -30 % oro desde sus máximos históricos), se sumó la incertidumbre e incluso hostilidad del entorno nacional.

En términos de institucionalidad ha habido avances. La creación del Viceministerio de Minas y de la Agencia Nacional de Minerales, la especialización del Servicio Geológico Colombiano en el conocimiento del territorio, los planes de choque en materia de registro catastral (títulos mineros), seguridad industrial, licencias ambientales y consultas previas, el apoyo de firmas especializadas a la fiscalización integral, y la expedición de un documento de coordinación institucional para facilitar los trámites relacionados con los proyectos de interés nacional y estratégico (Pines), son pasos en la dirección correcta. Pero -muestran los indicadores- insuficientes.

Sigue faltando una visión de mediano y largo plazo que acompañe el crecimiento ordenado del sector.

Ha habido decepciones. Por ejemplo, con el retraso del esquema de los procesos de selección objetiva que atraerían a los mejores empresarios para concursar por las Áreas de Reserva Estratégica, 2,9 millones de hectáreas sobre las cuales se supone el Gobierno tiene suficiente conocimiento. Pero dicho esquema no solo replanteó el modelo de “primero en el tiempo, primero en el derecho” (tan usado en otros países) sino que ha sufrido un retraso ya considerable que hace dudar sobre qué tan preparadas estaban las autoridades del sector para implementarlo.

En vez de Colombia tener un Sistema Nacional Ambiental ejemplar y coordinado, a la altura de su riqueza natural, encontramos hoy una ausencia de delimitaciones básicas como dónde se pueden desarrollar actividades económicas (entre las cuales la minería). Este vacío ha incentivado que jueces y autoridades acudan a la aplicación del principio de precaución para excluir de la actividad minera (de manera discriminatoria)  38 millones de hectáreas de la Amazonia o 10 millones de hectáreas a través de las Reservas Temporales, mientras se delimitan definitivamente las áreas en donde sí y en dónde no se puede hacer minería responsable (porque a la minería que está por fuera de la legalidad, poco le importan las delimitaciones temporales o definitivas de las autoridades). Cuesta trabajo creer que el anuncio desde hace más de 2 años de delimitación del Páramo de Santurbán, aún no sea realidad. Y mientras esta tardanza en la regulación ambiental estanca las actividades económicas formales, la informalidad y la ilegalidad crecen exponencialmente a lo largo y ancho del territorio nacional.

¡Qué sorpresa la de la reforma al Sistema General de Regalías! Muy atractiva conceptualmente por su voluntad intergeneracional (ahorrar en época de vacas gordas para poder gastar en época de vacas flacas) e interregional (la mermelada en toda la tostada), pero contraproducente en su implementación local por desconocer la realidad regional y el impacto atómico de despojar de parte de las regalías a algunos municipios en donde se encuentran presentes las operaciones mineras. El país quiere las regalías y hace “cuentas alegres” con ellas, pero nadie quiere de vecino la operación que las aporta ni tampoco alguien se preocupa abiertamente por acompañar a la industria formal a generarlas.

Confunde igualmente, que una industria en simple expectativa de crecimiento (porque ni Colombia es un país minero ni hubo ni hay boom minero y “minas no es petróleo”), haya sido destinataria de 13 medidas tributarias (8 generales al sector privado y 5 específicas para la industria), haya visto pasar 4 Ministros en 3 años, haya sido objeto de 53 iniciativas legislativas en la legislatura pasada (de las cuales 10 se convirtieron en ley, 14 continúan su trámite y 6 han sido recientemente radicadas), y haya inspirado 5 Acuerdos Municipales, declarados nulos por los jueces por haber excedido su competencia al pretender excluir la minería de su territorio.

¿Cómo explicar que una de las locomotoras del Gobierno sea objeto de publicitados estudios de respetados académicos y autoridades, que pretenden ser un manual de cómo superar el modelo de desarrollo extractivista que, según dicho estudio, es la madre de todos los males que aquejan al país? Si es que el legítimo debate de cómo aprovechar los recursos naturales, debe ser equilibrado y con información que plantee con transparencia e imparcialidad las ventajas y retos de la actividad minera en Colombia, como debe plantearse cualquier debate sobre cualquier sector en cualquier país.

En fin, a pesar del enorme esfuerzo de la industria por implementar, por vez primera de manera conjunta, mecanismos de autorregulación y de buen relacionamiento con sus comunidades, ¿cómo es que no logra reconciliarse con el corazón de sus comunidades y que estas reconozcan la importancia de tener una fuente de ingreso formal en sus regiones, bien remunerada y con importantes proyectos en materia de responsabilidad social y ambiental? Pero cuando las empresas exploradoras, por circunstancias del mercado y por dificultad (léase hostilidad en algunas oportunidades) del entorno, se ven en la obligación de licenciar cerca de 1.500 empleados, las huelgas son esta vez por la pérdida de empleo en la región.

Un entorno complejo requiere una política pública de mediano y largo plazo que acompañe el crecimiento y la competitividad de la minería responsable, una visión de país que recoja un sentimiento común de beneficio colectivo, una meta de sociedad.

El potencial de desarrollo minero, aunque deteriorado un poco, sigue siendo válido para el país y para reactivar el dinamismo del sector se requiere:

  • Un “establecimiento” que acompañe el desarrollo de una actividad que está para quedarse, con especial énfasis en la coordinación de las autoridades ambientales, los entes territoriales, los organismos de control y el Congreso.
  • Un manejo macroeconómico responsable a través, por ejemplo, de Fondos de ahorro para mantener el equilibrio e irrigando los beneficios con inversión que llegue a las comunidades a través de un Sistema General de Regalías eficiente.
  • Enviar señales de estabilidad, seguridad y respeto de los derechos de los inversionistas, por medio de una normatividad clara, estable y abierta a la inversión, especialmente en materia tributaria.
  • Promover (no obstaculizar) el desarrollo de una industria minera intensiva en conocimiento, innovación y capital humano.
  • Diversificar la economía y sus exportaciones por medio de una alianza público privada que apunte al desarrollo de encadenamientos.
  • Promover el desarrollo (y no estigmatizar) de una mediana minería y facilitarle el  acceso al capital.
  • Implementar un programa de formalización eficaz e incluyente de la pequeña minería.
  • Dotar al país de una infraestructura a la altura de las necesidades del sector, abriendo la puerta de manera más innovadora a las APP.
  • Luchar eficazmente contra la extracción ilícita de minerales.

Los especialistas recomiendan como estrategia para crecer y superar la pobreza, construir sobre las fortalezas. Y los recursos naturales (renovables y no renovables) son una riqueza que pertenece a todos los colombianos y que representa una oportunidad. Sería una lástima que a Colombia se le cerrara completamente la ventana de oportunidades que se abrió con la expectativa de crecimiento del sector minero… legal, ¡por supuesto! Sería una irresponsabilidad social histórica con el país, no apalancar parte de su desarrollo en un aprovechamiento responsable de sus recursos naturales.

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